23.2.10

Goreizando al infeliz parte 2

Mientras daba las últimas pitadas pensé en lo que me esperaba luego de lo que había hecho: cárcel, estigma social, golpiza de parte de la policía, diarios y noticieros. Luego comencé a imaginar posibles sobrenombres con los cuales me bautizarían los medias. Fue entonces, cuando estaba mas sumergido en mis delirios, que el faso tuvo un efecto contrario. Me quemó los dedos, haciendo explotar mi burbuja de pensamientos, por un segundo pensé: "¡Carajo! no tengo un puto aluminio", pero luego de que mi mente callara escuche la sirena, vi la luz azul y me pregunte: "¿Hace cuanto estarán ahí afuera? ¿Les habrá aterrorizado mi obra maestra? ¿Sera solo un patrullero?, y si es asi ¿cuánto tardarán en venir mas?", y luego otra pregunta muy diferente, casi reflexiva, una pregunta existencial: "¿Porqué me voy a dejar agarrar?".
De un salto me recobre del sillón y tome la moto-sierra, silenciosamente camine y me acomodé detrás de la puerta en espera de que ingresaran los cerdos. Escuché sus pasos antes de que lleguen a la puerta y vi como se giraba suavemente el picaporte, los malditos puercos intentaban no hacer ruido, creyendo que no me percataría de su presencia. Estuve a punto de encender la moto-sierra pero luego me dí cuenta de que haría demasiado ruido y se percatarían de mi presencia. "Necesito el hacha" pensé, pero recordé que había sido secuestrado por una cabeza y esta se negaba a devolverlo, "necesito algo mas silencioso que la moto-sierra", pero ya era demasiado tarde la puerta se estaba abriendo. Recordé que la vez anterior había tenido que tirar de la cuerda dos veces para encenderla, en este momento no tendría esa oportunidad, si fallaba en el primer intento estaba muerto.
Esperé a que el puerco terminara de entrar, era solo uno, lo cual me dio mas coraje ya que si eran dos o más no iba a tener muchas chances de sobrevivir. Jalé del cordón y la moto-sierra no se encendió, el policía se dio vuelta y de la desesperación le arroje la moto-sierra golpeando su cabeza. Creía que el THC en mi cuerpo iba a hacer mis movimientos y mi pensar mas lento, pero la mezcla de este con la adrenalina me había puesto mas rápido y violento.
Cerré la puerta rápidamente y luego espié por la ventana, no había ningún otro oficial afuera.
Otra pregunta existencial: "¿Lo goreizo o me escapo?". La decisión no fue difícil, tenia que escapar, pero ¿en que otra ocasión iba a tener a un policía inconsciente?. La idea me tentó con imágenes que nunca había visto en mi cerebro, entonces decidí subirlo al primer piso de la casa.
Lo até a la cama y lo amordacé, tenía que esperar a que despertara, y mientras lo hacia tenia que buscar las herramientas que había visto en mi mente. Solo esperaba el que el infeliz cadáver que ahora decoraba la entrada de su propia casa tenga dichas herramientas en el garaje.
Estaban todas, la masa, las tijeras de podar (una de las grandes y otra de las chicas), un martillo y clavos.
Cuando terminé de recogerlas escuché abrirse la puerta trasera de la casa, tome en mis manos la tijera de podar grande y me aventuré a ver quien había entrado. Solo recorrí el pasillo, cuando estaba por ingresar a la cocina me choque de frente con otro policía, mi reflejo fue apuñalarlo con la tijera, una y otra y otra y otra vez, la sangre brotaba a chorros, como si de una fuente se tratara y aunque ya no se movía seguía atravesandolo hasta que quedé cubierto de sangre. Terminé enterrando la tijera abierta en su cara, haciéndola ingresar por sus ojos hasta el fondo de su cráneo, para asegurarme que estuviera bien muerto, acto seguido tomé su pistola y todas sus municiones.
Para cuando subí el otro ya había despertado, lloraba desesperado, así que para calmarlo le conté como había matado al otro, pero como es de suponerse no lo calmó, se puso histérico y no dejaba de moverse así que tendría que comenzar pronto.
"Primero lo primero", le dije, "para que te saques la idea de que vas a poder escapar de aquí", y le pregunté: "¿Viste la película Misery?". Tomé la masa y casi igualando a la película quebré sus pies, pero sin la madera, solo a fuerza bruta, creo que los golpee 3 veces a cada pie, por suerte el cerdo no se desmayo, así podría seguir con mi juego.
Tomé la tijera de podar pequeña y comencé a cortar cada una de las falanges de sus dedos, era muy cómico como cortaba y saltaban chorritos de sangre y a medida que me acercaba a la mano los chorros se volvían mas gruesos. Cuando terminé con los diez dedos de sus manos saqué los clavos y el martillo. Posicioné el primer clavo justo donde se unían los occipitales. Comencé martillando lentamente, no quería que quedara chueco y tampoco quería martillarme un dedo, creo que con el quinto golpe ya estaba hasta la mitad el clavo y ahí lo dejé. Tomé otro clavo y lo coloqué el segundo clavo en la conjunción de los parietales, pero este no quería entrar así que tuve que golpear mas fuerte. Continué con mi rutina hasta hasta colocar todos los clavos en las lineas de dichas articulaciones. Tardé demasiado, el infeliz se había desmayado del dolor y no debía faltar mucho para que lleguen mas puercos. Tenía que matarlo ya, además mi mente ya me lo exigía. Con la parte para retirar clavos quité cada uno de los clavos que le había colocado, eso hacía saltar pequeños chorritos de sangre, el efecto era digno de contemplarse, lastima que el idiota seguía desmayado y ya no hubiera tiempo de esperar a que se levante para verlo. Con la parte trasera del martillo le extirpé los ojos, corte el nervio óptico con la mano y reventé sus jugosos ojos grises con la mano, luego con el martillo golpee su rostro hasta que quedo totalmente destrozado, era imposible que siguiera con vida.
Ahora tenia dos armas, mi final era obvio, terminaría muerto aquí o en la comisaría luego de lo que les había hecho a esos dos cerdos. Si tan solo tuviera algo para disfrutar antes del final...

EnK

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